La familia Al Khouly, perdió todo en la guerra en Siria. Las bombas destrozaron el edificio en el que tenían su hogar, en Zabadani, en un pequeño pueblo turístico, cercano a Damasco, la capital.
Todo quedó sepultado bajo los escombros y debieron irse del país con lo puesto.
En febrero, arribaron a nuestro país -a través del programa Pro Siria- y se instalaron desde hace 5 meses en Coronel Suárez, buscando paz y una nueva oportunidad.

Desde su llegada, los cinco integrantes de la familia toman clases de castellano dictadas por voluntarios de la Comunidad Cristiana, grupo que se comprometió a brindarles alojamiento, comida y contención hasta que pudieran adaptarse a los cambios y autosustentarse.
En Siria había “mucha guerra”, sintetizó Wadieh Al Khouly, quien arribó a nuestro país junto a sus tres hijos y su esposa Yameelah .
“No había comida, gas, ni luz, los caminos se cerraban; para moverse había que pasar por muchos controles policiales. La vida era muy mala”.
Antes de arribar a Coronel Suárez vivieron como refugiados en El Líbano, donde estaba la mamá de Wadieh. Sin embargo, allí tampoco encontraron paz.
No solo eran fuertemente discriminados por ser sirios, sino que los chicos eran marcados en la escuela, Jamilah tenía que pagar para poder trabajar y después de las 7 de la tarde no podían salir a la calle porque eran detenidos.
En este contexto opresivo y desfavorable, la familia fue contactada por un miembro de JUCUN, grupo Cristiano que trabaja en la Argentina con el programa Pro Siria. Les propusieron trasladarse a nuestro país para mejorar su condición.

Ellos no sabían mucho de Argentina, y menos de Coronel Suárez, sólo que había buena gente y que ambos podrían trabajar y tener un futuro.
Cinco meses después de su llegada aseguran estar muy a gusto y haber sido muy bien recibidos por la comunidad.
Los pequeños Rivelle (la niña) y George, de 8 y 6 años están concurriendo a la EP N° 46, de la Unidad Académica y Eli, de 4 años, asiste al Jardín N° 913.
“En la iglesia, en el hospital, en la escuela, en el supermercado; todo bien en la Argentina”, dijo Wadieh.
“Se los ve felices en nuestro país, siempre dispuestos a recibir gente en la casa y a convidarles con una café y algún producto de los que Jameelah elabora. Son muy sociales, muy amigables, muy buenas personas”, destacó, Pablo Paissaud, miembro de Comunidad Cristiana.
También indicó que cada uno de los miembros de la familia ya cuenta con documento de identidad y que de a poco se van adaptando a nuestros códigos y cultura.
“Si bien están muy contentos en Argentina, ellos extrañan a la familia que dejaron tanto en Siria como en El Líbano, principalmente los niños, quienes tenían una buena relación familiar, sobre todo, con sus tíos”, comentó Pablo Paissaud, miembro de Comunidad Cristiana..
Tienen otra moneda, otros números, otro idioma, pero en algo no pudimos sorprenderlos: ya tomaban mate. Siria es uno de los mayores importadores de yerba de la Argentina.
En este tiempo en la ciudad de Coronel Suárez, celebraron el cumpleaños número 4 de Eli, el más pequeño. Los suarenses ya los adoptaron.
Fuente y fotos: La Nueva Provincia












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