Por Alejo Auzmendi.
Por Alejo Auzmendi.
Hace unos días estuve internado con fiebre en el Hospital Sancholuz, por un posible caso de Coronavirus, caso que dio negativo.
Pero desde el momento que tuve fiebre, hasta que llegó el resultado del estudio, fue un tiempo de larga y profunda tensión angustiante, a pesar de mi carácter positivo y de estar sabiendo que había hecho todo lo indicado para no contraer la enfermedad.
Como toda internación no fue para nada linda, el aislamiento no es agradable, a pesar de la excelente atención y dedicación de todo el personal del Hospital.
Estar en la pieza con sólo la TV y mis pensamientos, fueron momentos muy difíciles.
La cabeza piensa a mil, ¿Por qué me pasó esto si cumplo con todo el protocolo?, ¿qué será de mi familia?, ¿de mis amigos?, ¿de mis conocidos?, ¿qué será de mi vida?.
Ahí comprendí como dependemos cada uno del otro en esta cuestión, en mi caso por ejemplo del Servicio Penitenciario que nos venía inculcando el protocolo ante esta situación, tomando la temperatura corporal a la entrada y salida del trabajo, y que cuando tuve unas líneas de fiebre supe lo que debía hacer en forma inmediata.
Comunicar y trasladarme a un centro asistencial.
También dependemos todos, de la gente de Seguridad que se encuentra a la entrada y salida de nuestra Laprida, con un trabajo que no debe conocer la palabra relajación, ya que de su estricta profesionalidad depende de que el virus no ingrese a nuestra comunidad.
Ni amigo, ni esposa, ni hermano, ni conocido, ni desconocido, ni cola de autos, es decir nadie, debe entrar a nuestro pueblo si no es chequeada su temperatura.

Puede ser tedioso, incómodo, aburrido, peligroso, muy peligrosa la tarea, pero aplicar a conciencia ese protocolo es fundamental para la salud de toda la comunidad.
Se podrán discutir situaciones que el protocolo no abarca o no contempla, como por ejemplo dos personas que trabajen en lugares de riesgo, son cosas que se deberían mejorar y ver posibles soluciones, pero hay que cumplir con lo que se nos solicita, aislamiento.
A mí no me va a pasar, debe ser un pensamiento lejano.
Es absoluta responsabilidad de los adultos cuidar de los niños, pero los adolescentes, jóvenes, adultos, mayores, deben saber que nadie está exento de poder contagiarse, utilizar la distancia social, barbijos, esos incómodos barbijos, son parte de decir estoy en la lucha contra el Covid19.
Estar con todos los sentidos puestos en el bien común, es la manera de no confiarnos, de no relajarnos y demostrar cómo queremos y nos queremos.
Mi mensaje es NO RELAJARSE, a pesar de la cuarentena.
NO RELAJARSE, a pesar de que no haya casos en Laprida.
NO RELAJARSE, cumplir con el protocolo.
NO RELAJARSE, si queremos vernos sanos y festejando cuando todo esto pase.
Es difícil, pero es una cuestión de buena CONCIENCIA.
*El autor es vecino lapridense y oficial del Servicio Penitenciario.













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