Después de seis años como cura párroco en Laprida, el padre Argentino del Valle Lauría de 68 años fue trasladado a la Parroquia San Cayetano de Tandil, por disposición del Obispado de Azul.
Antes de su partida, el padre Argentino conversó con Oh Laprida, y dijo que recordará su paso por nuestra ciudad por su cercana relación con la gente y las características del lapridense. “Yo de Laprida me llevo rostros, crecí mucho acá”.
-¿Cuáles son sus sensaciones a pocas horas de irse de Laprida?
-El tiempo que estuve en Laprida me lo dijo el obispo porque yo la verdad no sabia cuanto, hacia 6 años que estaba. Y creo que cada vez que hay un cambio, para mí la sensación es doble y medio como contradictoria. La sensación del movimiento, donde se abre algo nuevo, y en ese sentido es atrapante lo nuevo que viene, como expectativa, etapas y personas nuevas y otra realidad distinta a Laprida. Y el otro movimiento es el doloroso, el de la ida, la separación, el dejar, y eso provoca siempre dolor.
Hace poco me preguntaron que me llevaba Laprida y ese tipo de cosas. Y respondí algo que me gustó muchísimo porque además es muy cierto, yo me Laprida me llevo rostros, personas que han quedado y que yo siento adentro mío. Otra experiencia que me queda de Laprida es que yo crecí muy internamente acá, es decir, tengo como contenidos interiores que han sido para mí muy importantes y yo los viví acá, estando en Laprida. Comprensiones profundas. La experiencia de la internación con el coronavirus fue muy importante para mí por lo que me dejó de fondo,. Pero hay muchas personas que han ocupado un lugar dentro mío.
-Cuéntenos un poco de usted. ¿Dónde nació, cómo le surgió la vocación?
-Bueno yo soy catamarqueño, nací en Catamarca. Vengo de una familia de comerciantes. Mi papá lo que se llamaba ramos generales, en zona rural. Somos seis hermanos. Ya mis padres fallecieron, un hermano también y quedamos cuatro varones y una mujer. Algunos están en Catamarca, otros en Córdoba, todos con familia y casados.
Sobre la vocación, me han peguntado algunas veces como yo lo fui descubriendo y que me movilizó. Fue en el Secundario, a los 17 años empezamos un movimiento juvenil que se llamaba Palestra, y bueno era, un movimiento de jóvenes para evangelizar jóvenes, y yo me prendí mucho con eso. Terminé el secundario y buscando el sentido vocacional, qué estudiar, me había anotado en Ciencias Económicas para ser contador. Creo que rendí un parcial o dos, y después dije me voy al seminario. Si me preguntas qué me llevó ahí, te podría decir que es casi como un llamado interno que te lo puedo decir de esta manera: yo quería ser hombre de verdad, quería ponerme en el camino de ser hombre pleno, y en esa línea, me venía el sacerdocio.
-¿Como fueron sus inicios hasta llegar a su presente?
-Tuve movimientos, primero me ordené como misionero claretiano y luego me abrí y quede como cura diocesano. Todo eso fue un proceso de ir ajustándome a las realidades internas. Así que en ese sentido, estoy muy feliz por el camino hecho. He pasado tiempo donde andaba suelto. Hubo unos años que tomé distancia del Ministerio Sacerdotal, porque se me habían desdibujado todas las cosas. Y bueno, después de adentro, se me fue diciendo el sacerdocio, la fé, la gracia, la salvación, la Iglesia, la humanidad, el hombre, la interioridad, Dios, Jesucristo. Toda esta realidad se fue dando de una manera nueva por dentro. En ese sentido, puedo decir que en esta zona conocieron lo mejor de mí. En las otras zonas no tanto, porque tengo una historia donde tengo de todo (se ríe). Tengo mis agresiones, mis violencias, desproporciones bastantes bravas, como todo el mundo que inicia el camino.
Dijo que en Laprida creció mucho. Cuéntenos más de eso.
Bueno, como crecimiento personal. Yo siento que acá he ganado en 2 cosas, en consistencia, en profundidad y en despertar mucho mi disponibilidad para la ayuda de las personas. La experiencia que tengo con Laprida, por lo lugares a los que he ido, esta es para mí una experiencia muy importante. Yo he podido vivir cosas que en otros lugares no he podido hacer. En los vínculos, cada comunidad tiene una característica distinta. Acá hay una aceptación muy global, el lapridense es muy amable, muy de dar, y por otro lado, son muy bonaerenses. Tienen una vida muy autónoma, de trabajo. Se te presentan y tienen la característica de ser muy prácticos. Y junto con eso uno va descubriendo hacia atrás personas rostros, personas que van quedando.
-¿Qué es lo que mas va extrañar de Laprida?
-Ah, eso no lo sé, cuando esté afuera te lo voy a decir (se ríe). Yo digo con respecto al extrañar, uno generalmente lo que extraña son personas, también los lugares. En Laprida en cuanto al lugar, yo no sé si lo voy a extrañar, supongo que sí, porque hay cosas como la entrada que tiene, estas características de la ciudad limpia. Pero bueno, lo que uno más extraña son las personas, pero yo a eso le encontré un secreto. Yo a las personas no las extraño, yo las llevo conmigo. Ayer justamente estábamos despidiendo a Telma, una señora muy conocida, muy querida acá en Laprida. Por ejemplo, Telma es una persona que yo pienso no extrañarla, yo me la pienso llevar conmigo. Tiene un lugar dentro mío, ella, miembros de su familia. Entonces, esos son los recuerdos que para mi son mas importantes, y van conmigo.
-¿Sabe a qué se debe su traslado hacia la ciudad de Tandil?
– La decisión fue del Obispado de Azul. Si me preguntas si tiene un motivo, supongo que sí, pero que te lo responda el obispo porque yo no termino de saber por qué.(se ríe). Supongo que habrá traslados que se hacen por problemas del cura con la comunidad, a veces se dan por eso. Otras veces porque quieren renovar solamente, otras por características de un sacerdote para que haga en algún lado un aporte pastoral. No lo sé. Por ahora yo voy con la expectativa de empezar algo nuevo. ¿Vos me dirás si tengo buenas expectativas? Sí, pero no hay más que eso, lo demás, ya se irá viendo.
– ¿Ya fue cura en Tandil? Cuéntenos en qué Iglesia estará
– En Tandil solamente estuve de pasada, nunca he vivido. Yo voy a la vicaría, estoy como párroco para trabajar ministerialmente en San Cayetano, pero yo voy a vivir con el padre Andrés que es el párroco del Carmen, que es la que está en calle España y 68, cerquita del Calvario. Eso es lo que coordinamos con el obispo.
-¿Qué mensaje le gustaría dejarle a la comunidad de Laprida luego de estos años?
-Bueno, el que estoy diciendo en las últimas homilías. Que se sigan enamorando muchísimo del Jesucristo pascual, que Jesucristo sea realmente un tesoro para cada uno de ellos. El motor, la gracia para la humanización mas importante. Les diría también que sigan siendo lapridenses, con lo mejor de lo que es el lapridense. El trabajador, el tipo humilde, sereno, digamos, con esa característica de lo mejor de Laprida. Y que si de mí algunas cosas les han aportado para crecer, despertarse y ser mejores personas que las aprovechen. Y del cura que viene que hagan lo mismo, que lo aprovechen, que le saquen el jugo para seguir creciendo en la salvación y en la humanidad nueva.








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